Después de una larga jornada, sin importar si fue estresante o no, el cuerpo y la mente necesitan un buen descanso, y es que cuando se oculta el sol y aparece Venus en el cielo muchos nos entregamos a los brazos del sueño.
Estado mental, que llega después de que los párpados ocultan el brillo de los iris, e inicia cuando el subconsciente empieza a entretejer una telaraña llena de pensamientos con enigmáticos significados, ilusiones, fantasías, prejuicios y todo aquello que ocultamos del escrutinio de los demás y del de nosotros mismos, se nos rebela mientras recostamos nuestra cabeza sobre una almohada.
Por que no hay nada que combine mejor con el sueño que una almohada, unas suaves sábanas y una cama. Para que nos visiten las hadas y los duendes del sueño, mientras nos cobijamos en contra del frío, bendito compañero que nos invita a encontrarnos más rápido ante las puertas del sueño, pues la comodidad de su tacto no se iguala con ningún otro, pues su contacto nos hace buscar el contacto de otros.
Compañeros inigualables e irreemplazables para disfrutar de una noche de invierno: sueño, cama, frió y fantasía.
Pero, ¿quién será capaz de sacarnos de nuestro sagrado reposo? Aquel reposo espiritual, físico y mental, aunque no signifique que ninguno de estos tres elementos deje de funcionar mientras dormimos. ¿Quién podrá sacarnos de nuestro reino de fantasía y comodidad? La respuesta aparece cuando el aire entra hasta unas cuerdas vocales y produce una dulce y melodiosa voz que nos comunica: ya es hora de despertar.
Qué cosa más extraña
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Qué cosa más extraña vivir dentro de un cuerpo, habitar una jaula solitaria
que envejece con el tiempo. . Qué extraño es ampliar, extraño es preguntar
y re...
Hace 10 años
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