"Una verdad referida con mala fe, es peor que todas las mentiras."
William Blake
A los niños siempre se les enseña que es importante decir la verdad, mediante historias, anécdota y fábulas, los instamos a que dejen de lado las mentiras, porque sino lo hacen les va a crecer la nariz, pero nunca se les menciona que la verdad, al igual que una mentira ideada por una mente maquiavélica, puede llegar a ser mala, o que escuchar dicha afirmación puede llegar a ser doloroso.
Tanto la verdad como la mentira, pueden llegar a ser armas mortales, elementos dañinos, que lastiman a quien las escucha, pero debemos de reconocer que la calidad de su efecto es el resultado de la intención que tenga una persona al decirlo, algo así como la forma en que manejamos la información. Pero ¿y si todos aprendiéramos a ser objetivos?
Hay verdades que duelen, mentiras que lastiman, intrigas que desgarran y una vida por enfrentar.
Las palabras, son armas, y esta en nuestras manas decidir como utillizarlas, decidir si formar con ellas mentiras o verdades, decidir si con ellas lástimaremos o no.
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